Con poco más de un año desde su creación, Hemper es ya un ejemplo de éxito empresarial. Es también una historia digna de ser contada, una de esas historias que a nadie le sorprendería encontrar un día en el siempre interesante catálogo de documentales de Netflix.

¿Cómo nació Hemper?

Para aquéllos que aún no lo conozcan, Hemper es un proyecto solidario que, a través de la comercialización de mochilas elaboradas con cáñamo (y de diseños muy molones, todo sea dicho), supone una pequeña contribución al desarrollo económico de Nepal. Basada en una filosofía respetuosa con el medio ambiente y los derechos humanos, Hemper es una iniciativa de un grupo de jóvenes españoles que, después de viajar a Nepal y trabajar como voluntarios en la ONG Sama Foundation (dedicada a ayudar a las poblaciones más desfavorecidas a través de la educación), regresaron a España con recuerdos inolvidables, mucha morriña y también con la firme determinación de mejorar las condiciones de vida de aquel remoto país escondido entre las escarpadas montañas del Himalaya.

¿Cómo hacerlo?

El empoderamiento de la sociedad es una pieza clave en el modelo de negocio. Así, detrás de las más de 2000 mochilas que ya se han vendido entre España y Portugal se encuentran doce familias nepalíes que, desde los talleres de Budhalinkantha (un área rural situada en las inmediaciones de la capital, Katmandú), se encargan de todo el proceso productivo, desde el cultivo de la planta hasta el cosido de las mochilas. A cambio de su trabajo, un porcentaje del precio de las mochilas va destinado a garantizarles un trabajo digno, alojamiento y la educación para sus hijos.

El compromiso de Hemper con el medio ambiente y la ecología se plasma en la utilización del cáñamo para la confección de las mochilas. El cáñamo es la fibra textil más utilizada de Nepal; es también una de las fibras más antiguas de la humanidad, habiéndose descubierto pruebas arqueológicas de cuerdas y nudos a base de cáñamo que datan de hace más de 15.000 años.

Referencias históricas aparte, lo cierto es que la fibra de cáñamo, tanto por su proceso de producción como por sus propiedades, lo convierten en un producto de gran interés para la lucha contra el cambio climático y para intentar revertir la tendencia de uno de los sectores más contaminantes del planeta, la industria textil. Por ponerlo en comparación con el algodón, la fibra natural más utilizada en el sector, mientras que para producir un kilo de algodón se requieren 20.000 litros de agua, para producir la misma cantidad de fibra de cáñamo se emplean entre 200 y 500 litros; por lo hablar de la rentabilidad de ambas fibras: en una hectárea dedicada al cultivo de cáñamo se puede producir el doble de fibra que en una dedicada al algodón, empleando, además, una cantidad mucho más baja de productos químicos, como herbicidas e insecticidas. Por otra parte, se ha destacado al cáñamo como una de las plantas del planeta con mayor poder de regeneración del CO2. Igualmente, sus raíces tienen el poder de mejorar la calidad del suelo, desintoxicando el sustrato y previniendo su erosión.

Una apuesta ganadora.

La elección de una mochila no debe tomarse a la ligera. Es un objeto importante, de uso cotidiano, y una mala elección puede dar lugar a una serie de problemas que van desde la mera pérdida de dinero cuando la mochila se rompe antes de lo esperable (a toro pasado el refranero siempre juega con ventaja: lo barato sale caro), hasta las latosas rozaduras en los hombros y el dolor de espalda por razones obvias. Para prevenir estos y otros males, las mochilas de Hemper son una opción asegurada. Una vez más, el cáñamo tiene la respuesta. Además de ser eco-friendly, la fibra de cáñamo es muy resistente, tiene propiedades antimicrobianas y tienen una capacidad térmica muy superior a otras fibras, adaptándose mejor a los giros de temperatura.

¿Resultado? Mochilas duraderas, a prueba de golpes y aptas para todo tipo de aventura.

 

J. Canales

Asesor Jurídico THC Abogados

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