¿La inteligencia artificial amenaza los empleos del sector cannábico?
Robots que despiden oficinistas. Chatbots que sustituyen departamentos enteros. Inteligencias artificiales capaces de escribir, traducir, vender, programar y, si hacemos caso a ciertos titulares, probablemente a dos actualizaciones de pedirnos también las llaves del local.
Desde que la inteligencia artificial generativa irrumpió en nuestras vidas, el futuro del empleo se relata con frecuencia como una película de catástrofes.
“Millones de puestos desaparecerán”.
“La IA sustituirá a los trabajadores”.
“Tu próximo compañero será un algoritmo”.
Hay titulares que parecen escritos por alguien que descubrió ChatGPT y el Apocalipsis el mismo martes.
La realidad es bastante menos cinematográfica.
Y en el sector cannábico, desde growshops y tiendas de CBD hasta bancos de semillas y comercios especializados, probablemente lo sea todavía más.
La inteligencia artificial puede transformar muchas tareas. Puede ahorrar horas, mejorar procesos administrativos, organizar enormes catálogos, responder preguntas frecuentes o ayudar a analizar inventarios.
Pero una cosa es automatizar una tarea.
Otra muy distinta es sustituir a una persona.
Y esa diferencia será decisiva para entender cómo afectará la IA al empleo en el sector del cannabis.
La IA automatiza tareas mucho mejor de lo que sustituye empleos completos
Existe una confusión recurrente cuando hablamos de automatización.
Que una inteligencia artificial pueda realizar una parte de nuestro trabajo no significa necesariamente que pueda realizar todo nuestro trabajo.
No es lo mismo automatizar una tarea que eliminar un puesto.
Pensemos en un empleado de una tienda especializada.
Durante su jornada puede responder correos electrónicos, consultar referencias, preparar fichas de producto, revisar existencias, comparar características técnicas o buscar documentación.
Una parte considerable de esas actividades puede acelerarse mediante inteligencia artificial.
Pero ese mismo trabajador también atiende a clientes que no saben explicar exactamente qué necesitan, compara productos, detecta incompatibilidades, recibe mercancía, gestiona reclamaciones, interpreta situaciones inesperadas y recuerda que aquel cliente que acaba de entrar compró cierto equipo hace tres semanas.
Y, de vez en cuando, intenta comprender una normativa que parece haber sido redactada durante una discusión particularmente larga entre varias administraciones.
Eso resulta bastante más complicado de automatizar.
El propio texto de partida recoge un ejemplo revelador: en un estudio realizado con más de 5.000 agentes de atención al cliente, el uso de inteligencia artificial aumentó aproximadamente un 15 % la productividad media, beneficiando especialmente a los trabajadores menos experimentados.
La máquina no hizo desaparecer al empleado.
Le permitió trabajar mejor.
Y ahí empieza la parte realmente interesante para las growshops, tiendas de CBD y empresas del sector cannábico.
Automatización en growshops: un comercio especializado no es un chatbot con fertilizantes
Imaginemos una mañana cualquiera en una growshop.
Entra un cliente buscando iluminación.
Pregunta por una lámpara.
Parece sencillo.
Cinco minutos después descubrimos que no recuerda exactamente las dimensiones del espacio. Quizá cambie el armario. Tiene un presupuesto limitado. Ya posee parte del equipo. Tampoco tiene demasiado claro si su sistema de extracción será suficiente.
Veinte minutos más tarde, aquella aparentemente inocente pregunta sobre una lámpara resulta ser, en realidad, una consulta sobre prácticamente toda la instalación.
Una IA aplicada a una growshop puede comparar especificaciones técnicas en segundos.
Puede consultar un catálogo.
Ordenar modelos.
Localizar referencias.
Mostrar diferencias entre productos.
Incluso puede elaborar una primera selección.
Lo verdaderamente difícil es realizar esa peculiar arqueología de la conversación mediante la cual un buen profesional descubre qué necesita realmente la persona que tiene delante.
Porque los clientes rara vez llegan convertidos en una hoja de Excel perfectamente ordenada.
Llegan con dudas, presupuestos cambiantes, conocimientos desiguales y problemas que a veces ni siquiera saben formular.
El contexto humano se parece más a un cajón lleno de cables que a una base de datos.
Y ahí reside una de las fortalezas del comercio especializado.
La venta no consiste únicamente en ofrecer información.
Consiste en interpretar contexto, necesidades y circunstancias.
La confianza sigue siendo difícil de automatizar
Los clientes de un comercio especializado no buscan siempre la respuesta más rápida.
Muchas veces buscan una respuesta en la que puedan confiar.
La diferencia parece pequeña, pero no lo es.
Internet lleva décadas acumulando información sobre iluminación, sustratos, fertilizantes, semillas, ventilación y productos relacionados con el cultivo.
Si disponer de información fuera suficiente para eliminar las tiendas especializadas, muchas habrían desaparecido hace años.
Y, sin embargo, siguen existiendo.
¿Por qué?
Porque detrás del comercio especializado existe algo más que un catálogo.
Existe experiencia.
“Yo he probado ese producto”.
“Con el equipo que tienes, elegiría este modelo”.
“Antes de comprar eso, revisemos lo que ya tienes instalado”.
Esas frases aparentemente sencillas condensan conocimiento acumulado, experiencia práctica y, sobre todo, confianza.
La inteligencia artificial en el sector cannábico puede convertirse en una gigantesca memoria situada detrás del mostrador.
Puede recordar especificaciones imposibles.
Encontrar referencias en segundos.
Comparar productos que una persona tardaría varios minutos en localizar.
Pero memoria y criterio no son exactamente lo mismo.
Un catálogo sabe qué productos existen.
Un profesional experimentado intenta averiguar cuál tiene sentido para esa persona concreta.
Inteligencia artificial y regulación del cannabis: un terreno donde conviene tener cuidado
Después está la regulación.
Bendita regulación.
Si existe un sector en el que resulta especialmente peligroso confundir una respuesta convincente con una respuesta correcta, probablemente sea este.
La regulación relacionada con el cáñamo, el CBD, las semillas, los cosméticos, los alimentos y otros productos derivados no puede comprimirse cómodamente en una maravillosa regla universal.
Ojalá.
Nos ahorraríamos bastantes dolores de cabeza.
La situación puede variar según la categoría del producto, su composición, su presentación, el uso previsto y la normativa que resulte aplicable.
Incluso conceptos aparentemente sencillos pueden prestarse a interpretaciones excesivamente simplificadas.
El texto original pone como ejemplo el conocido 0,3 % de THC, una cifra que puede aparecer vinculada a determinadas reglas europeas sobre cáñamo agrícola, variedades o importación, pero que no debe interpretarse como una autorización universal para comercializar cualquier producto de cualquier manera siempre que esté por debajo de ese porcentaje.
Aquí la inteligencia artificial puede resultar extraordinariamente útil.
Puede ayudar a:
- localizar documentación;
- comparar textos y versiones;
- resumir información;
- preparar listas de comprobación;
- organizar archivos;
- detectar puntos que necesitan revisión.
Lo que no debería hacerse alegremente es convertir una respuesta generada automáticamente en la decisión jurídica definitiva de una empresa.
Sería algo parecido a contratar a un becario velocísimo, enciclopédico y ocasionalmente imaginativo… y entregarle el primer día las llaves del departamento de compliance.
Ayudar, muchísimo.
Asumir la responsabilidad final, no tanto.
¿Cómo puede utilizarse la inteligencia artificial en una growshop o tienda de CBD?
Que los trabajadores del sector sean difíciles de sustituir completamente no significa que las empresas puedan ignorar esta tecnología.
Más bien ocurre lo contrario.
Existen multitud de tareas donde la automatización mediante IA encaja extraordinariamente bien.
La inteligencia artificial puede ayudar a redactar primeros borradores de fichas de producto, preparar traducciones, organizar consultas, clasificar correos electrónicos, resumir incidencias, comparar referencias o responder preguntas frecuentes.
También puede facilitar la gestión interna de grandes catálogos.
Pensemos en una tienda con cientos o miles de referencias.
Aprender todas las características, compatibilidades y diferencias entre productos puede parecerse a memorizar una pequeña enciclopedia soviética: posible, quizá, pero nadie sensato lo elegiría como entretenimiento de fin de semana.
Un sistema interno basado en inteligencia artificial podría permitir a un trabajador localizar rápidamente:
- especificaciones técnicas;
- diferencias entre modelos;
- referencias disponibles;
- información comercial;
- documentación interna;
- compatibilidades registradas en el catálogo.
El objetivo no tiene por qué ser sustituir al vendedor.
Puede consistir en conseguir que un vendedor nuevo tarde mucho menos tiempo en desenvolverse con soltura.
Y aquí aparece una paradoja deliciosa.
Una tecnología presentada a menudo como enemiga de los trabajadores puede acabar ayudando especialmente a quienes tienen menos experiencia.
El empleado aumentado: probablemente veremos más personas con IA que tiendas sin personas
Las imágenes futuristas son irresistibles.
Un establecimiento vacío.
Una pantalla flotante.
Un robot extraordinariamente educado preguntándonos qué necesitamos.
Una esfera luminosa diciendo:
—Hola, humano. He analizado tus preferencias.
Tal vez algún día.
Mientras tanto, resulta bastante más probable otra escena mucho menos espectacular: el empleado aumentado por inteligencia artificial.
Será una persona que continúa hablando con los clientes, entendiendo productos, resolviendo incidencias y tomando decisiones, pero que dispone detrás de ella de una herramienta capaz de buscar y procesar información a una velocidad imposible para cualquier cerebro.
Antes:
—Espera un momento, voy a buscar la ficha técnica.
Después:
—Tengo delante las especificaciones de los cuatro modelos. Vamos a ver cuál encaja mejor con lo que necesitas.
Parece una diferencia pequeña.
Multiplicada por cientos de consultas, búsquedas y decisiones cada mes, deja de serlo.
Menos tareas administrativas, más tiempo para el cliente
Aquí puede encontrarse una de las mayores oportunidades de la IA para el comercio cannábico.
Durante décadas hemos empleado personas para realizar tareas que las personas, curiosamente, no suelen disfrutar demasiado.
Copiar datos.
Clasificar mensajes.
Reescribir descripciones.
Buscar documentos perdidos en alguna carpeta cuyo nombre parecía perfectamente lógico en 2019.
Actualizar tablas.
Responder por vigésima vez a la misma pregunta.
Después nos sorprendemos de que apenas quede tiempo para aquello en lo que un profesional puede marcar realmente la diferencia:
hablar, escuchar, explicar, diagnosticar, negociar, solucionar problemas y fidelizar clientes.
La inteligencia artificial permite, al menos potencialmente, invertir esa ecuación.
Que la máquina haga una parte mayor del trabajo mecánico para que el humano pueda dedicar más tiempo al trabajo humano.
Una tecnología extraordinariamente moderna recuperando algo bastante antiguo: conversar con el cliente.
Qué ironía.
¿Qué empleos del sector cannábico podrían estar más expuestos a la IA?
Sería reconfortante afirmar que ningún puesto corre riesgo.
También sería poco serio.
Los trabajos construidos casi exclusivamente sobre tareas digitales rutinarias y repetitivas pueden estar mucho más expuestos a la automatización.
Una actividad profesional basada únicamente en redactar fichas sencillas, realizar traducciones básicas, clasificar información o contestar preguntas muy repetitivas puede transformarse profundamente.
Pero existe además una consecuencia bastante menos espectacular que el despido masivo y quizá mucho más plausible: la no contratación.
Imaginemos una empresa con cinco trabajadores.
Introduce distintas herramientas de inteligencia artificial.
Nadie es despedido.
La productividad aumenta.
Algún tiempo después, una persona abandona la empresa por cualquier motivo.
Entonces aparece la pregunta incómoda:
¿Necesitamos volver a cubrir exactamente ese puesto?
Quizá sí.
Quizá no.
No apareció ningún robot caminando por el pasillo con una carta de despido.
Pero el efecto sobre el empleo puede existir igualmente.
Por eso tampoco resulta sensato sustituir el alarmismo tecnológico por el optimismo ingenuo.
La inteligencia artificial crea posibilidades.
Lo que cada empresa haga con esas posibilidades dependerá de sus decisiones.
El verdadero debate: qué hacemos con las horas que ahorra la IA
Imaginemos que una empresa del sector consigue ahorrar 100 horas de trabajo al mes utilizando inteligencia artificial y automatización.
¿Qué hace con ellas?
Puede convertirlas en reducción de costes.
Menos horas.
Menos contrataciones.
Una estructura más pequeña.
O puede transformarlas en crecimiento.
Más atención al cliente.
Mejor servicio posventa.
Mayor formación del equipo.
Más control documental.
Mejores procesos internos.
Desarrollo del canal B2B.
Optimización del comercio electrónico.
Seguimiento comercial.
Mejor gestión del catálogo.
Más tiempo para descubrir pequeños problemas antes de que se conviertan en problemas grandes y caros.
La inteligencia artificial puede ser exactamente la misma.
Lo que cambia es la estrategia empresarial.
Y quizá sea ahí, mucho más que en la tecnología, donde se decida una parte del futuro del empleo.
Por qué el sector cannábico puede ser resistente a la automatización total
El comercio especializado posee una característica curiosamente favorable: muchos trabajadores son multifuncionales.
En una pequeña growshop no suele existir una persona exclusivamente dedicada a una función.
El mismo profesional puede atender clientes, preparar pedidos, resolver dudas técnicas, responder mensajes, controlar stock, recibir mercancía y solucionar una incidencia inesperada antes del café.
Automatizar parte de una tarea no equivale, por tanto, a automatizar la misma proporción de una persona.
El empleo real se parece más a una navaja suiza que a una sola herramienta.
Cuantas más tareas físicas, sociales, técnicas y contextuales intervienen en un puesto, más complicada resulta su sustitución completa.
Y el sector reúne precisamente varias barreras frente a esa automatización total:
Mercancía física. Un algoritmo puede informar de que hay que revisar una caja. Levantarla del suelo continúa siendo otro asunto.
Conocimiento aplicado. La información técnica sirve de poco cuando no sabemos interpretarla en un caso concreto.
Relación con el cliente. Detectar dudas, frustraciones o necesidades mal expresadas sigue siendo una actividad profundamente contextual.
Regulación. Los sistemas pueden ayudar a localizar y ordenar información, pero las decisiones de cumplimiento requieren cautela y responsabilidad humana.
Resolución de situaciones imprevistas. El mundo físico tiene una fe casi conmovedora en producir problemas que nadie había incluido en el procedimiento.
Todo ello dificulta que un comercio especializado pueda reducirse simplemente a software.
IA y empleo en cannabis: quizá estamos formulando mal la pregunta
La pregunta habitual suele ser:
“¿Cuántos trabajadores puede sustituir la inteligencia artificial?”
Quizá sería más útil formular otra:
“¿Cuántas horas de trabajo rutinario puede quitarle la inteligencia artificial a cada trabajador?”
El cambio parece semántico.
No lo es.
Si pensamos exclusivamente en sustitución, imaginamos una competición entre humanos y máquinas.
Si pensamos en automatización de tareas, empezamos a observar otra posibilidad: trabajadores capaces de hacer más, aprender antes y dedicar menos tiempo a procesos repetitivos.
En sectores especializados como el cannábico, la IA parece tener un recorrido especialmente interesante como copiloto.
Puede recordar miles de referencias.
Preparar borradores.
Organizar documentación.
Resumir información.
Buscar datos internos.
Detectar anomalías.
Responder preguntas repetitivas.
Y nunca protesta porque le hayamos pedido por decimocuarta vez que encuentre aquella ficha técnica que nadie sabe dónde guardó.
Fantástico.
Que haga eso.
Mientras tanto, quizá podamos reservar a las personas para aquello que todavía hacemos sorprendentemente bien: comprender a otras personas.
El futuro de la inteligencia artificial en el sector cannábico
Todavía resulta pronto para conocer con precisión cuál será el impacto laboral de la inteligencia artificial en growshops, bancos de semillas, tiendas de CBD y otras empresas relacionadas con el cannabis.
El propio texto de partida advierte de algo importante: no existen datos suficientemente sólidos para afirmar qué porcentaje concreto de empleos del sector desaparecerá como consecuencia de la IA.
Conviene recordar esa incertidumbre cada vez que alguien presente una cifra espectacular sobre el futuro como si hubiera regresado de él con una hoja de cálculo.
Lo que sí podemos observar es que el sector reúne características difíciles de automatizar completamente: mercancía física, asesoramiento especializado, relaciones con clientes, decisiones dependientes del contexto y un entorno regulatorio complejo.
La IA entrará.
En realidad, ya está entrando.
Pero probablemente no lo haga expulsando teatralmente al trabajador por la puerta principal.
Entrará por el ordenador del mostrador.
Ayudará a localizar información.
Preparará un borrador.
Organizará consultas.
Facilitará búsquedas.
Avisará de determinados problemas.
Resumirá documentación.
Y después seguirá haciendo falta alguien de carne y hueso que decida qué demonios hacer con todo aquello.
Quizá el futuro del sector no sea persona contra máquina.
Puede resultar bastante menos dramático y bastante más útil:
una persona que conoce su oficio acompañada por una máquina que le permite ejercerlo mejor.
Después de tantos titulares anunciando el final del trabajo humano, sería una conclusión casi decepcionante.
Precisamente por eso merece la pena tomarla en serio.


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