Cannabis medicinal en España: producimos para Europa, pero Curaleaf llega primero a nuestros pacientes

España lleva años cultivando cannabis medicinal. Lo procesa, lo transforma y lo exporta. Desde nuestro país salen productos destinados a Alemania, Reino Unido y otros mercados europeos donde el cannabis terapéutico encontró antes una vía regulada para llegar hasta los pacientes.

España produce y exporta cannabis medicinal a Europa mientras los primeros preparados autorizados por la AEMPS pertenecen a un grupo estadounidense.

Hasta aquí, nada especialmente extraño.

Lo curioso empieza cuando miramos hacia dentro.

Porque ahora que el cannabis medicinal en España comienza, por fin, a disponer de un sistema para llegar a los pacientes, los dos primeros preparados inscritos en el registro de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) pertenecen a Curaleaf, uno de los grandes grupos internacionales del sector y con sede corporativa en Estados Unidos.

La imagen resulta, como mínimo, paradójica.

Durante años hemos tenido cultivos, laboratorios, instalaciones farmacéuticas y exportaciones. El cannabis medicinal salía de España rumbo a otros países mientras aquí el paciente seguía esperando en el andén.

Ahora que ese tren empieza a admitir pasajeros españoles, una multinacional estadounidense ha conseguido ocupar el primer vagón.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La explicación es bastante más interesante que decir simplemente que Sanidad ha elegido una empresa americana. De hecho, decirlo así sería incorrecto.

Los primeros preparados de cannabis medicinal ya están registrados en España

El cambio comenzó con el Real Decreto 903/2025, que estableció el nuevo sistema español para utilizar preparados estandarizados de cannabis en la elaboración de fórmulas magistrales.

La norma creó un registro público gestionado por la AEMPS. Para que uno de estos preparados pueda emplearse dentro del nuevo modelo medicinal debe superar los requisitos establecidos e inscribirse previamente en ese registro.

Y los primeros ya lo han hecho.

Son CAN-1 y CAN-2, dos preparados con perfiles diferentes: uno de predominio en THC y otro de predominio en CBD.

Curaleaf anunció su registro en julio de 2026, aunque la noticia empezó a tener mucha más repercusión en septiembre, cuando comenzó a hablarse de su futura llegada efectiva a las farmacias hospitalarias.

La inscripción significa que esos preparados cumplen los requisitos exigidos para poder utilizarse en las fórmulas magistrales contempladas por el nuevo sistema.

Para los pacientes es un paso importante. Para entender cómo se ha desarrollado la industria del cannabis medicinal en España, además, es una fotografía bastante reveladora.

Curaleaf en España: estadounidense, pero con producción farmacéutica en Alicante

Aquí aparece uno de esos matices que suelen desaparecer cuando una noticia cabe demasiado bien en un titular.

Curaleaf Holdings tiene su sede en Stamford, Connecticut, y es uno de los grandes grupos internacionales del cannabis.

Sin embargo, sus preparados no aparecen en España como simples productos fabricados en Estados Unidos y enviados después a nuestros hospitales.

El papel de Medalchemy en el cannabis medicinal español

Curaleaf opera en nuestro país a través de Medalchemy S.L., una empresa situada en Alicante e integrada actualmente en el grupo.

Sus instalaciones cuentan con certificación EU-GMP y llevan años trabajando con derivados farmacéuticos del cannabis.

Por eso sería exagerado resumir esta historia diciendo que Estados Unidos va a mandar cannabis a los hospitales españoles. La realidad tiene más capas.

Los preparados están vinculados a una estructura industrial situada en Alicante. Hay instalaciones, actividad farmacéutica y trabajo realizado en España.

Pero tampoco tendría demasiado sentido mirar hacia otro lado cuando preguntamos quién controla empresarialmente la operación.

Quien ha conseguido colocar los primeros preparados de cannabis medicinal dentro del nuevo sistema español es un grupo multinacional estadounidense que llevaba años construyendo una infraestructura europea capaz de competir en cuanto se abriera la puerta.

Y ahí comienza la parte verdaderamente interesante.

España ya tenía una industria del cannabis medicinal

España no ha despertado en 2026 descubriendo de repente que el cannabis medicinal existe.

La AEMPS mantiene una relación pública de empresas autorizadas para cultivar cannabis con fines médicos y científicos. A 31 de julio de 2026 figuraban compañías como Linneo Health, Medical Plants, Naturhemp, Ondara Directorship, Cannaflos Genetics, Bhalutek Sens o Phytoplant Research, además de otros operadores en diferentes fases de cultivo, producción y validación de procesos farmacéuticos.

A su alrededor se ha desarrollado también una red de empresas dedicadas a investigación, transformación, fabricación, análisis y servicios especializados.

En otras palabras, España no está empezando ahora a producir cannabis medicinal.

Lo que empieza ahora es algo bastante distinto: permitir que parte de ese ecosistema pueda dirigirse de forma regulada hacia el paciente español.

Y hemos tardado bastante más en construir lo segundo que lo primero.

España producía cannabis medicinal para pacientes extranjeros

Esta quizá sea la contradicción que mejor explica toda la historia.

Mientras los pacientes españoles carecían de un sistema nacional de acceso a preparados medicinales de cannabis, España ya autorizaba cultivos, fabricación y exportaciones.

Las cifras requieren cierta prudencia porque en este sector es muy fácil colocar toneladas unas junto a otras y obtener un titular magnífico… aunque no necesariamente una explicación correcta.

No es lo mismo producción estimada que producción autorizada. Tampoco es lo mismo cannabis realmente cultivado en España que producto importado, procesado aquí y posteriormente reexportado.

¿Cuánto cannabis medicinal produce España?

Con esa cautela sobre la mesa, las magnitudes siguen siendo considerables.

Para 2025, España comunicó internacionalmente una previsión de aproximadamente 25,4 toneladas de cannabis destinado a fines médicos y científicos.

Es una estimación regulatoria. No significa necesariamente que esas 25,4 toneladas terminaran cosechándose.

Por otra parte, datos de la AEMPS analizados por Cannamonitor sitúan en unas 19,6 toneladas la producción autorizada para fines médicos en 2025.

España, por tanto, ya ocupaba una posición relevante dentro de la industria europea.

Pero las cifras que llaman todavía más la atención aparecen cuando miramos hacia las exportaciones.

España exporta decenas de toneladas de cannabis medicinal

España autorizó aproximadamente 46,1 toneladas de exportaciones de productos de cannabis medicinal en 2024.

En 2025 fueron alrededor de 30,6 toneladas y, solamente durante el primer semestre de 2026, la cifra alcanzó aproximadamente 18,3 toneladas.

A primera vista podría parecer que estamos cultivando cantidades descomunales.

Pero hay una pieza que cambia bastante el dibujo: no todo ese cannabis nace en suelo español.

España también importa cannabis para procesarlo y volver a exportarlo

Una parte llega desde otros mercados para ser procesada, esterilizada, transformada, analizada o acondicionada aquí antes de continuar viaje.

Durante el primer semestre de 2026, por ejemplo, España importó aproximadamente 25,7 toneladas, una cantidad superior a las 18,3 toneladas exportadas durante ese mismo periodo.

Portugal representó alrededor del 44 % de aquellas importaciones.

Esto ayuda a entender mejor qué papel está desempeñando España.

No somos solamente productores.

España se está convirtiendo también en una especie de estación central del cannabis farmacéutico europeo: entra producto, pasa por instalaciones especializadas, recibe distintos procesos y vuelve a salir hacia mercados como Alemania, Reino Unido o Polonia.

Eso tiene un valor industrial evidente. Hay inversión, empleo especializado, conocimiento farmacéutico, laboratorios, controles microbiológicos, extracción, irradiación, fabricación y certificación.

La ironía es que, durante años, toda esa maquinaria podía trabajar con cannabis para media Europa mientras el paciente español apenas podía asomarse por la ventana.

Cannabis medicinal español para pacientes de otros países

Según los datos analizados por Cannamonitor, más de ocho toneladas de producción española llegaron a pacientes internacionales durante 2024.

Al mismo tiempo, una parte considerable del volumen exportado correspondía a cannabis procedente de otros países que había sido procesado en España antes de seguir su camino.

Es difícil encontrar una imagen que resuma mejor la peculiar evolución del mercado.

España desarrolló antes la capacidad de abastecer a pacientes extranjeros que una vía efectiva para abastecer a los suyos.

No faltaban necesariamente plantas, instalaciones o conocimientos técnicos.

Faltaba el puente regulatorio que conectara esa industria con el sistema sanitario español.

Y cuando finalmente hemos construido ese puente, Curaleaf ha sido la primera en cruzarlo.

¿Por qué Curaleaf ha llegado primero al mercado español?

El Registro creado por el Real Decreto abrió una carrera nueva y bastante diferente a la que las empresas habían disputado hasta entonces.

Según datos de transparencia de la AEMPS analizados por Cannamonitor, se habían presentado 13 solicitudes correspondientes a cinco laboratorios.

Dos habían conseguido el registro, diez continuaban pendientes y una había sido retirada.

Las dos aprobadas pertenecen al mismo grupo: Curaleaf.

Esto no significa que España carezca de empresas capaces de cultivar cannabis medicinal.

Significa algo más sencillo y, a la vez, más importante: cultivar cannabis y colocar un preparado estandarizado dentro del circuito farmacéutico hospitalario no son el mismo negocio.

Cultivar cannabis no es lo mismo que fabricar un preparado medicinal

Entre una planta creciendo en un invernadero y un preparado utilizado en un hospital hay un camino regulatorio largo, caro y poco romántico.

Mucha documentación, controles, certificaciones, trazabilidad y procedimientos.

La botánica acaba pronto; después empieza la farmacia.

Los fabricantes deben cumplir las Normas de Correcta Fabricación de medicamentos de la Unión Europea (EU-GMP). También deben controlar proveedores, documentar la cadena de suministro y garantizar los estándares farmacéuticos exigidos.

Curaleaf llevaba tiempo preparando precisamente esa maquinaria.

Medalchemy obtuvo ya en 2020 autorización para fabricar extractos de cannabis medicinal como principios activos farmacéuticos y después fue ampliando sus instalaciones y capacidades en Alicante.

Cuando España abrió finalmente su registro, el grupo no tuvo que empezar a entrenar para la carrera.

Llevaba años corriendo.

El debate no debería ser Curaleaf contra las empresas españolas

Reducir esta cuestión a un duelo entre “empresa americana mala” y “empresa española buena” sería bastante cómodo.

Y bastante pobre.

Curaleaf ha invertido en España, dispone de instalaciones aquí, trabaja mediante una sociedad española y genera actividad farmacéutica en Alicante.

Si sus preparados cumplen los requisitos establecidos por la legislación, puede solicitar su inscripción como cualquier otro operador que reúna las condiciones necesarias.

La pregunta relevante no es por qué se ha permitido entrar a Curaleaf.

Es otra.

¿Por qué una industria instalada en España, que llevaba años cultivando, procesando y exportando cannabis medicinal, no consiguió llegar antes al paciente español?

Y aquí aparece un detalle especialmente revelador.

Durante la regulación ya se propuso priorizar el cannabis producido en España

Durante el procedimiento de audiencia del Real Decreto se planteó expresamente la posibilidad de priorizar el cannabis producido en España para elaborar los preparados medicinales.

La propuesta fue formulada, entre otros, por particulares, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, CTAEX y el Cluster Español del Cannabis.

La respuesta oficial fue que esa prioridad no se contemplaba porque no formaba parte de los objetivos del Real Decreto.

Es un detalle importante.

Demuestra que esta discusión no ha aparecido ahora, después de conocerse los primeros registros. Ya estaba encima de la mesa mientras se construía el sistema.

La regulación decidió concentrarse fundamentalmente en la calidad, fabricación, registro, prescripción, dispensación y seguridad del paciente.

No se diseñó específicamente como una herramienta para favorecer la producción nacional.

¿Debería haberse protegido la industria española del cannabis medicinal?

Desde el punto de vista sanitario existe un argumento evidente: si hablamos de un producto medicinal, lo prioritario debería ser su calidad farmacéutica, seguridad, estandarización y disponibilidad para el paciente, no el pasaporte de los accionistas de la empresa que lo fabrica.

Además, establecer preferencias estrictamente nacionales dentro del mercado europeo puede abrir debates jurídicos relacionados con la competencia, la libre circulación y el Derecho de la Unión Europea.

Pero desde el punto de vista industrial la pregunta sigue ahí, incómoda como una piedra en el zapato:

¿Tenía sentido dedicar años a desarrollar una industria española orientada hacia la exportación sin construir al mismo tiempo un ecosistema preparado para abastecer el futuro mercado nacional?

No hay una respuesta simple.

Precisamente por eso merece la pena discutirlo.

España construyó primero la industria del cannabis y después el mercado

En muchos sectores ocurre lo contrario.

Existe una demanda, crece un mercado y aparecen empresas dispuestas a abastecerlo.

Con el cannabis medicinal español, el orden se parece más a una película proyectada al revés.

Primero llegaron las autorizaciones, los cultivos, los laboratorios, las instalaciones, las certificaciones, el procesamiento y las exportaciones.

Bastante después apareció el paciente español como destinatario legal de esos preparados.

¿Qué podían hacer mientras tanto las empresas instaladas aquí?

Mirar hacia fuera.

Si España no ofrecía un mercado doméstico al que vender, Alemania, Reino Unido, Polonia y otros países europeos sí empezaban a ofrecer oportunidades.

Las compañías adaptaron sus contratos, procedimientos, cadenas logísticas y modelos de negocio a esa realidad.

No fue necesariamente una elección ideológica.

Fue, sencillamente, donde estaba el mercado.

Y después de años construyendo una industria que mira hacia fuera, hacerla girar hacia dentro no será cuestión de pulsar un interruptor.

Estimaciones sectoriales publicadas tras la aprobación del nuevo modelo apuntaban a que entre un 80 % y un 90 % de la producción nacional podría continuar destinada a la exportación.

Conviene subrayarlo: se trata de una estimación del sector, no de un porcentaje oficial establecido por la AEMPS.

¿Cómo funcionará el cannabis medicinal en España?

El Real Decreto 903/2025 no crea un mercado masivo.

La prescripción del cannabis medicinal queda restringida a médicos especialistas dentro del ámbito hospitalario. Las fórmulas se utilizarán cuando no existan medicamentos industriales adecuados o cuando estos no permitan tratar satisfactoriamente al paciente.

La elaboración corresponde inicialmente a los servicios de farmacia hospitalaria y existe, además, seguimiento clínico obligatorio.

Estamos ante un modelo estrecho, controlado y claramente farmacéutico.

Eso puede tener sentido desde la prudencia sanitaria, pero también ayuda a comprender por qué el mercado español inicial difícilmente tendrá las dimensiones de otros mercados europeos.

Para una empresa que ya dispone de clientes internacionales y mueve volúmenes importantes fuera de España, el mercado nacional quizá no sea todavía el gran premio comercial.

España mueve toneladas de cannabis mientras sus pacientes empiezan desde cero

Y así llegamos a una fotografía bastante peculiar.

Durante el primer semestre de 2026 entraron en España aproximadamente 25,7 toneladas de cannabis y salieron unas 18,3 toneladas.

Hay producto cruzando fronteras, laboratorios trabajando, empresas procesando, controles farmacéuticos funcionando y una cadena industrial cada vez más sofisticada.

Mientras tanto, el sistema español cuenta únicamente con dos preparados registrados y, según la información disponible a finales de septiembre, todavía no existe confirmación pública de una dispensación generalizada de esos preparados a pacientes españoles.

Intentemos explicárselo a alguien que no conozca el sector.

España mueve decenas de toneladas de cannabis medicinal, pero el acceso de sus propios pacientes acaba prácticamente de empezar.

Suena extraño porque lo es.

¿Qué industria del cannabis medicinal quiere construir España?

Durante mucho tiempo, el debate político español se concentró en una cuestión: ¿debemos regular el cannabis medicinal?

Ahora que la regulación empieza a tomar forma, quizá convenga cambiar la pregunta.

¿Qué industria queremos construir alrededor de ella?

Porque una regulación sanitaria y una política industrial son parientes, pero no gemelas.

Podemos diseñar un sistema extremadamente riguroso desde el punto de vista farmacéutico y, al mismo tiempo, permitir que buena parte del valor económico de esa industria se genere fuera o quede en manos de grupos internacionales.

Y hablamos de bastante más que cultivar plantas.

Hablamos de genética, investigación, extracción, transformación, fabricación farmacéutica, propiedad intelectual, analítica, distribución y desarrollo de nuevos productos.

España tiene condiciones agrícolas favorables, investigadores, universidades, laboratorios, empresas especializadas e infraestructura farmacéutica.

Además, lleva años trabajando con cannabis dentro de un sistema autorizado.

La cuestión ya no es si podemos hacerlo.

Lo estamos haciendo.

La cuestión es qué lugar queremos ocupar cuando el mercado del cannabis medicinal en España deje de ser una promesa regulatoria y empiece a convertirse en un mercado real.

¿De dónde procederá el cannabis utilizado en CAN-1 y CAN-2?

Hay un detalle sobre el que conviene no aventurarse más de lo que permiten los datos.

Sabemos que CAN-1 y CAN-2 pertenecen a Curaleaf y que su fabricación está vinculada a la estructura española del grupo.

Lo que las fuentes públicas consultadas no permiten asegurar es que toda la materia vegetal utilizada específicamente para esos preparados haya sido cultivada en España.

Curaleaf dispone de una cadena internacional de suministro y cuenta con instalaciones de cultivo en otros países europeos, especialmente Portugal, además de su capacidad industrial en Alicante.

Sería útil, por tanto, disponer de más información pública sobre el origen de la materia prima, el lugar de cultivo, las distintas fases de procesamiento y fabricación y, en definitiva, qué porcentaje del valor añadido de estos productos se genera realmente en España.

No porque una flor cultivada al otro lado de la frontera sea peor por definición.

Las plantas, por suerte, todavía no entienden demasiado de nacionalidades.

La cuestión es económica e industrial.

Si queremos saber qué industria estamos construyendo, necesitamos saber también dónde se queda el valor.

El futuro del cannabis medicinal en España: la siguiente batalla será industrial

Que España disponga finalmente de preparados estandarizados de cannabis abre una nueva etapa para los pacientes que puedan beneficiarse de ellos.

Pero también nos obliga a mirar hacia atrás.

Durante años España permitió cultivar cannabis medicinal. Permitió procesarlo, transformarlo y exportarlo. Alrededor de esa actividad crecieron empresas, instalaciones y conocimientos especializados.

Solo después construimos una vía para que los propios pacientes españoles pudieran acceder a preparados de cannabis dentro del sistema sanitario.

Y cuando esa puerta se abrió, quien estaba mejor colocado para atravesarla fue un gran grupo internacional que llevaba años construyendo infraestructura farmacéutica y regulatoria en nuestro país.

Quizá no haya nada misterioso en ello.

Quizá sea, sencillamente, la consecuencia lógica del modelo que hemos construido.

Por eso la discusión no debería convertirse en un enfrentamiento entre empresas españolas y extranjeras. La inversión internacional forma parte de cualquier industria farmacéutica moderna y sería absurdo fingir lo contrario.

Pero las preguntas permanecen.

España produce cannabis medicinal. Procesa cannabis procedente de otros países. Exporta decenas de toneladas y dispone de empresas autorizadas, laboratorios y conocimiento técnico.

Sin embargo, los dos primeros preparados registrados para nuestros propios pacientes pertenecen al mismo grupo multinacional estadounidense.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

¿Deberíamos haber aprovechado la regulación para fortalecer también una industria nacional orientada al paciente español? ¿Tenía sentido incentivar la utilización de cannabis producido aquí? ¿O el criterio fundamental debería ser la calidad farmacéutica del preparado, independientemente de quién posea la compañía o de dónde proceda la materia prima?

Y hay otra pregunta todavía más incómoda: ¿tiene sentido exportar cannabis cultivado en España mientras importamos cannabis extranjero para procesarlo y volver a exportarlo?

Tal vez sí.

Las cadenas farmacéuticas internacionales funcionan así con muchos otros productos y el valor añadido no siempre está en cultivar la materia prima.

Pero precisamente por eso merece la pena saber qué estamos construyendo.

Porque España llegó pronto al cultivo, pronto al procesamiento y pronto a la exportación.

Al paciente español, en cambio, hemos llegado bastante más tarde.

Ahora comienza una segunda partida.

Ya no se trata únicamente de regular el cannabis medicinal en España.

Se trata de decidir qué papel ocuparán los pacientes, las empresas y la industria española cuando ese mercado crezca.

Y esa discusión, aunque hoy pueda parecer pequeña, probablemente terminará moviendo bastante más que unas cuantas toneladas de cannabis.